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EL SAHARA EN NUESTRO CORAZON
Historias, anecdotas, fotgrafias de nuestra estancia en CABEZA DE PLAYA,CABRERIZAS

23/09/2008 GMT 1

EL BIR 1, Playa del Aaiún SAHARA, A.O.E.

erni @ 19:30

FOTOGRAFIAS DEL VIAJE DE ABRIL DEL 2009, ESTADO ACTUAL DEL BIR.1

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EL BIR EN 1973, DURANTE LA JURA DE BANDERA

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Jura de Bandera 1 er. reemplazo 1973. 4 ª CIA

22/09/2008 GMT 1

BLOG. SAHARA A.O.E.

erni @ 16:41

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QUIERO AGRADECER A TANTOS COMPAÑEROS QUE HAN VUELTO, A REMEMORAR ESOS DIAS DE ESTANCIA SAHARIANA, Y QUE A SU VEZ ,ME HAN HECHO SENTIR DE NUEVO UN CARIÑO ESPECIAL POR EL SAHARA.
LA INTENCIÓN DE ESTE BLOG. NO ES OTRA QUE COMPARTIR, HE UTILIZADO ALGUNA FOTO DE OTROS COMPAÑEROS, ENCONTRAR TANTOS RECUERDOS EN LA PAGINA DE JUAN PIQUERAS, COMO EL BLOG DE LOS CASH, HA SIDO INCREIBLE.
Y COMO NO, A UN TERRITORIAL COMO ANGEL DE OLAVIDE, QUE CONSIGUIO RECONOCER A JOSE M. ZOYA, Y PONERNOS EN CONTACTO.O A LOS CABRERIZOS DE ALBERT MARIN Y FCO ORRIACH, CON SUS HISTORIAS, QUE ME HAN PUESTO LA PIEL DE GALLINA, Y QUE NO SABEN QUE FRANCISQUITO COMO ELLOS LO LLAMAN, ES AMIGO MIO Y SE DE EL. ASI COMO MANEL VALLVERDU QUE ESTA COMO SIEMPRE, SEGUN ZOYA CON ESA SONRISA EN EL SEMBLANTE DE VITALIDAD.NO SABEMOS DE VERGES,BURON,CORRALES,VITORINO Y ALGUNOS OTROS. ESPERO QUE ALGUN DIA CONTACTEN CON NOSOTROS. A OTROS LOS VEREMOS EN EL IV ENCUENTRO DE VETERANOS DEL SAHARA EN SALOU 2008.
ESPERO VOLVER UN DIA, NO MUY LEJANO.
DESEO QUE ALGÚN DIA EL SAHARA SEA UN PAIS LIBRE Y SOBERANO, Y EL MUNDO RECONOZCA A UN PUEBLO ORGULLOSO, PARA EL QUE , EL DESIERTO HA SIDO Y ES SU RAZÓN DE SER.

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UN CANTO POR LA LIBERTAD

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MAPA DEL SAHARA A.O.E./ DESTACAMENTOS Y CUARTELES.

erni @ 15:57

IV TERCIO DE LA LEGION, ALEJANDRO FARNESIO

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CUARTEL DEL III TERCIO DE LA LEGION, DON JUAN DE AUSTRIA, EL AAIUN, CONOCIDO POR SIDI BUYA.

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EL OASIS MESSEIED, EDCHERA, FUERTE CHACAL, ANTIGUAMENTE DESTACAMENTO DE TROPAS NOMADAS Y AL FINAL DEL IV TERCIO DE LA LEGION, ALEJANDRO FARNESIO.

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NUEVA SECCION/TEMAS RELACIONADOS, CON EL SAHARA Y EL DESIERTO.

erni @ 15:47

MODELO DE JEEP WRANGLER, PARA DESIERTO

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MAPA DEL DESIERTO DEL SAHARA

PATRULLANDO POR CABEZA DE PLAYA/DESTACAMENTO DE ATLAS

erni @ 15:20

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En ese momento era habitual ver Jaimas, cerca del mar en Cabeza de Playa, parece ser que en aquellos meses hubo una gran sequía en el sur del Sahara, concretamente en Mauritania, lo que provocó que una gran cantidad de nómadas procedentes del desierto buscaran mejores condiciones cerca del Aaiún

NOTA: AL FONDO EN LA PARTE SUPERIOR DE LA FOTO, APARECE UN BARCO, DE LOS LLAMADOS "CORREILLOS",PODRIA SER UNO DE LOS PROTAGONISTAS DE MI RELATO, EL ULTIMO PRESO DE CABRERIZAS.

NOTA IMPORTANTE: GRACIAS AL ENCUENTRO, Y CONOCER AL CANARIO, GERVASIO PEÑA, RECORDE, QUE EL CORREILLO ERA EL CLAVIJO

DESTACAMENTO DE ATLAS, CABEZA DE PLAYA, CABRERIZAS, EL AAIUN

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El Destacamento de ATLAS, dependía su seguridad del Batallón de Cabrerizas, allí se encontraba una zona de depósitos de carburante, que en ese momento era un punto estratégico. situado a medio camino de Cabeza de Playa y la cinta transbordadora de Bu-Craa Las guardias se hicieron famosas por las meriendas, y las patrullas con algún incidente como los que protagonizó algún que otro compañero con susto incluido.
Allí convivimos con los pastores alemanes que nos ayudaban en aquellas noches cerradas en las que no se veía nada absolutamente y ellos con su instinto tranquilizaban nuestra inseguridad.
En el pequeño fortín donde el pelotón tenia su estancia, terriblemente abandonado y sucio, aprendí a dormir la siesta con la cabeza recubierta de periódico y a su vez de moscas, tengo que reconocer que alguna me tragué¡¡.

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“EL CENTINELA DE ATLAS” es un breve relato exento de hechos significativos, heroísmos o crónica de suceso alguno. Si nos desprendemos de los avatares del centinela, de su solitario calvario, podríamos quedarnos con la lectura de una situación cómica y, estando de acuerdo que de esto no le falta (¡qué buen papel! para interpretar Stan Laurel del “Gordo y el Flaco”, o Mr. Bean), mi pretensión no es otra que transmitir las sensaciones que tuve la noche del 30 de junio / madrugada del 1 de Julio del 1973, recién llegado del BIR.

Con mis limitaciones literarias, intento transportar al lector a aquel oscuro escenario de viento y arena de la noche sahariana.

Muchos soldados saharianos debieron vivir sensaciones parecidas en su primera noche de centinela solitario. Después, cuando ya se estaba curtido y se habían acumulado meses de estancia, guardias y patrullas, ya era rutina, aunque allí, en aquel territorio, siempre había que estar muy atento en el servicio. Los que estuvisteis me entenderéis.

En descargo a la supuesta cobardía del centinela, está la” preparación” sicológica que tenían los recién llegados por parte de los veteranos. Aquelloss, todavía ignorantes de la realidad sahariana, se interesan y escuchan con cierta credibilidad a “radio macuto”. Sabemos que de este popular “informativo” salían noticias ciertas (El Polisario ya había iniciado alguna acción aislada por aquellas fechas), pero buena parte de ellas eran exageraciones o mentiras (jamás llegué a constatar que fuese cierta la afirmación del degollamiento de un centinela de Atlas pocos meses antes). En cualquier caso, fuese morbo o “pastilla”, El desconocimiento de la situación real hacía que creyésemos un poco todo lo que nos decían, por lo menos en los primeros días. Y siguiendo con mi descargo de cobarde, todavía me tocó hacer varios puestos de centinela en Atlas antes de ser nombrado cabo y furriel y, aunque siempre fueron incómodos, los pasé con la templanza adecuada.

EL CENTINELA DE ATLAS

El viento del norte despliega variadas voces, silbidos, golpeteos, chirridos, suaves aullidos, se mezclan creando una desazonadora música.

La casi completa oscuridad no amenazada por las alejadas y tristes luces del pantalán de Fosbucraa, confiere un proceloso escenario de sombras informes apenas distinguibles en la desolada planta de depósitos de combustible. Recinto sin protección de acceso, con sus bajos muros cubiertos casi en su totalidad por la arena, entre la playa y la cadena de dunas, a kilómetro y medio de Cabrerizas y a tres del pantalán de Fosbucraa.

En un extremo, un montículo de arena que no alcanza la categoría de duna y que se ha ido formando por el rebufo del viento, amenaza con cubrir la pared Noreste de la pequeña y austera edificación de planta baja que conforma el cuerpo de guardia del destacamento de Atlas del Batallón de Infanterías Cabrerizas-I. En su interior, en la sala dormitorio que ocupa la práctica totalidad de la construcción, un pequeño grupo de soldados están tumbados sobre los mugrientos camastros, todos con su uniforme, correaje y cargadores puestos. Unos duermen profundamente, otros apenas dormitan a la espera del inminente inicio del turno de centinela. El cabo, que está sentado frente a la mesa que hay a la entrada, escribiendo una carta a la luz de dos velas, consulta su reloj, guarda la cuartilla en la carpeta, apaga las velas, pues son de su propiedad y hay que preservarlas para más tarde, enciende la linterna y se dirige a las literas de los relevistas.

El cabo golpea suavemente el brazo del soldado, este regresa súbitamente de su breve sueño. Apenas había estado unos minutos en brazos de Morfeo y soñado, como casi siempre en las últimas semanas, con los suyos, novia, familia, amigos. El regreso del onírico viaje, también como siempre desde hacía dos meses y medio, lo devuelve a la mili, hasta ayer siempre en un dormitorio preñado de literas, con compañeros desperezándose y saltando a la carrera entre toques de silbato en el BIR y de corneta en Cabrerizas, entre chinches y sucias mantas, en un denso ambiente de nostalgia y resignación. Pero esta noche solamente son cuatro los que se levantan son el relevo de los centinelas, les esperan varias horas en el exterior, en su primera guardia de su todavía corta mili. El centinela recoge y pliega el pañuelo que tenía a modo de protección extendido sobre la ponzoñosa almohada y se une al grupito.

Apenas atraviesan la puerta, reciben en el rostro la desangelada caricia del frío y húmedo viento. Efectúan el protocolo de cambiar el cargador vacío por el que contiene la munición y a continuación, en columna, con el fusil colgado al hombro y siguiendo al cabo, se dirigen al relevo de sus compañeros. Los soldados, casi invisibles en la negrura, apretando con firmeza la manta envuelta alrededor de su cuerpo para mejor protegerse de la áspera noche, se desplaza penosamente por la arenosa superficie, sabedores que van a pasar unas desabridas horas. El centinela de garita ya les espera advertido por el movimiento nervioso del perro “Matamoros”, eficiente vigilante y fiel compañero de todos los que “frecuentaban” la hedionda garita durante las noches, fuesen oscuras como esta o iluminadas por la potente Luna sahariana.

Con el soldado saliente a la cola, la pequeña columna se dirige ahora a la zona de depósitos, lugar sin protección ni garita alguna y batido por el viento. Apenas se acercan, el centinela grita ¡santo y seña! al ser correspondido y advertir que se acerca el relevo, se relaja y alegra de que por fin ha finalizado su largo servicio.

El novato centinela entrante se queda solo entre aquellos monstruos metálicos y de inmediato se siente desvalido. Cinco días antes había jurado bandera, ya era oficialmente soldado, pero aquella situación era nueva. Sus compañeros veteranos ya habían soportado muchas desangeladas noches de Atlas bajo el increíble océano de estrellas, posiblemente estaban curtidos, pero él apenas lleva unos minutos y todavía no asimila la impactante conmoción que le produce aquella situación.

Los puestos nocturnos de centinela en el destacamento de Atlas duraban cuatro horas, casi el mismo tiempo que le quedaba para ser relevado. Pasaban pocos minutos de las 12:00 de la noche y las 4:00 de la madrugada le parecían ¡tan lejanas! Transpirando inquietud por todos sus poros, sujeta firme el fusil Cetme y apoya su espalda en el primero de los gigantescos depósitos de combustible, resguardándose del viento y del arrastre de arena que le golpea. Mira a izquierda, derecha, al frente, atento a cualquier movimiento sospechoso. El cabo de guardia le ha indicado que no ha de quedarse estático y que debe moverse continuamente entre los depósitos y estar atento al perímetro exterior y, sobre todo, poner toda la atención para evitar ser sorprendido, pero el novato se encuentra paralizado y sin voluntad alguna de patrullar. Sigue refugiado en la parte sur de depósito, con todos sus sentidos en alerta, la pared de acero le protege la espalda, no solo del viento, también de ser sorprendido por atrás, y eso. le tranquiliza un poco.

Después de unos minutos, intenta familiarizarse con su entorno, pero apenas distingue ni siquiera el resto de los gigantes metálicos, aunque sí los sitúa, pues estos al interponerse entre su vista y el fondo estrellado del cielo, descubren sin dificultad su perfilación. En las partes bajas, la oscuridad confunde a los oxidados bidones que se encuentran diseminados y semienterrados entre la arena y, en su angustia, al centinela le parecen asaltantes agachados que se mueven hacia el interior de la Planta. Sabe que son bidones, por el día ya los había visto, habían muchos y estaban desahuciados, ya sin utilidad alguna y sucumbiendo al óxido, acelerado por la cercanía del mar, el relente nocturno y el implacable Sol , pero ahora, sin la visión diurna, no podría jurar que realmente todos ellos eran eso, bidones y cualquier hipotético asaltante podría pasar desapercibido sin dificultad. Entonces piensa en el rumor que días antes había llegado al cuartel. Un policía territorial, amigo de un compañero de Cabrerizas, le había comentado que un grupo guerrillero estaba atacando destacamentos alejados en el desierto. Atlas era un lugar solitario y podían efectuar un ataque relámpago para sabotear los inflamables depósitos, después, la oscuridad y las dunas les serviría para desaparecer sin dejar rastro y, ya de día, el constante viento habría borrado todo rastro. Este pensamiento todavía le inquieta más.

A la mezcolanza de silbantes ruidos, se le une el rumor del cercano mar, distingue el arrullo acompasado de las olas, le son muy familiares, acostumbrado a oírlas desde su casa, frente al Mediterráneo, pero la tensión le puede y no logran relajarle. Si por lo menos le hubiese tocado el turno nocturno en la garita, junto al pastor alemán. Durante el día había cubierto aquel puesto y comprobado que el can olía a distancia a los nativos que se acercaban a menos de cien metros, e iniciaba un gruñido seguido de ladridos si proseguía la aproximación. Ahora, la garita se encontraba a unos 60 ó 70 metros, pero por la dirección de los alisios, le sería imposible oler a nadie que no viniese del lado norte, y los depósitos estaban situados en la parte sur de la planta.

Piensa en el compañero que le ha tocado almacén, novato como él ¿estará pasando la misma angustia? también es un lugar solitario y apartado, con aquellos dos almacenes de medias paredes y también batidos por el viento, con cajas de madera consumida por el Sol y vacías en su mayoría, bidones de aceite, chapas oxidadas y ruidos inquietantes. No, no, tampoco era un buen lugar ¡coño de Atlas!

Media hora después había empezado a familiarizarse con su entorno, los difusos bultos, sombras y ruidos no le parecían tan procelosos y se estaba sobreponiendo. Haciendo un esfuerzo, con el fusil en bandolera y la linterna apagada en la mano izquierda, inicia un sigiloso paseo entre los tanques de combustible. Durante aquel lapsos de cobardía había estado buscando argumentos que justificasen su temor. Desde que llegó hace cuatro días a Cabrerizas, “radio macuto” había sido implacable con las historias que si...... “hace pocos meses degollaron al centinela de la garita de Atlas y por eso pusieron al perro guardián”, o que si....... “la planta de Atlas era un objetivo preferente para partidas de guerrilleros y por eso estaba vigilada por el ejercito”.......... que si........ “todo el Sahara era inseguro y había un continuo goteo de ataques, silenciado todo por las autoridades”, etc. El temeroso centinela todavía no sabía de la exageración de aquellas afirmaciones y que en buena parte eran una forma de novatada. En sus pensamientos, inmóvil y apoyado en la metálica y fría pared del depósito, recordaba su afición infantil a las revistas y películas de “Hazañas Bélicas”, con sus valerosos combatientes y los típicos héroes..... pero ¡mierda! ahora era protagonista, no estaba viendo un escenario en la pantalla o en las viñetas, ahora él estaba dentro. No sabía si realmente existía peligro, pero aquello estaba muy oscuro, el viento húmedo le estaba traspasando hasta los huesos, captaba, más que veía, sombras inciertas, oía ruidos extraños y tenía un fusil con munición que para y por algo sería.

En su todavía corta vida se había encontrado en situaciones que le habían producido miedo o inquietud, pero jamás pensó en riesgo para su vida, y ahora, mientras camina inseguro entre los gigantes de acero, entrecerrando los ojos para evitar los molestos granos de arena y afianzando la manta que apenas le protege del frío, se siente indefenso y acobardado.... Pero siempre, en su anterior vida civil, ha sabido reaccionar en situaciones difíciles, y ahora también debe intentarlo. Se acerca al segundo depósito por su lado norte, donde golpea la arena en su arrastre continuo, mientras, analiza de forma práctica su situación y sentencia que las posibilidades de sorprendido por un atacante posiblemente sean remotas, no por que él sea capaz de advertirlos, porque es consciente que en aquella oscuridad está muy cerca de la ceguera, sino porque el hipotético enemigo no debía acercarse muy a menudo y menos en horas tan incomodas y procelosas, claro que estas condiciones serían las ideales para sorprender a una confiada guardia ¡por si acaso! ¡él pensaba estar bien atento!

Cuando se cumple casi una hora acompañado del gemido del viento, “toma posesión” del tercer depósito, todavía quedan dos más y al fondo uno esférico, probablemente de gas, que ahora no distingue pero que durante el día había visto. Sin apenas voluntad para cumplir con todo el recorrido, se apoya en la pared del depósito, convencido que esta posición era la más segura y, con todos los sentidos potenciados escruta la oscuridad y analiza los ruidos. De súbito, un ligero escalofrío le recorre el cuerpo, le ha parecido ver moverse algo al lado de una “mancha” oscura, a unos cuarenta o cincuenta metros, cerca y a la izquierda del último depósito. A pesar de la negrura de la noche, el tono claro de la arena ayuda a contrastar, como fantasmales bultos, a los oscuros y herrumbrados bidones.

El centinela percibe que el valor le ha abandonado ¿qué hacer? en aquellos momentos le viene a la memoria el impresionante susto que tuvo hace unos once o doce años, en las ruinas del anfiteatro romano de Tarragona, de libre entrada en aquella época. Era invierno y junto a unos compañeros de colegio, al igual que en otra ocasiones, fueron a jugar al escondite a aquel magnifico lugar, lleno de sitios donde escaquearse, y casi en la total penumbra, apenas se distinguían los cuadrados bloques de piedra caliza débilmente iluminados por el reflejo de las moribundas farolas del cercano Paseo de la Palmeras. Llevaba un rato divirtiéndose, pues hasta aquel momento no le había tocado “parar”, cosa lógica, ya que conocía mejor que sus compañeros todo aquel laberinto de rocas talladas, pues después de tantos años de juego entre aquellas históricas piedras de la Tárraco, no había rincón, agujero, muro y pasos subterráneos del anfiteatro que no conociese. Había bajado por una cavidad y adentrado en un pequeño túnel, se había sentado al inicio de una pequeña sala, protegido por la más absoluta oscuridad, sabedor que difícilmente sería descubierto, cuando de pronto una piedra le impacta en la espalda y un gruñido, seguido de una voz gangosa, le grita ¡vete de aquí! ¡este lugar es mío! Como alma que lleva el diablo, salió veloz y casi gateando por el estrecho y bajo túnel, convencido que allí no iba a volver nunca más de noche.

Como sus compañeros de juego no se lo acababan de creer y opinaban que era un “gallina”, fueron al día siguiente al mediodía con el valor que da el grupo, con unas teas encendidas, pues en aquel pequeño túnel no llegaba la luz, y encontraron la respuesta, unos cartones, unas viejas mantas y botellas de vino vacías hacían suponer que era frecuentado por algún vagabundo aficionado a la bebida.

Pero ahora, no cree que haya vagabundo alguno refugiándose en Atlas, mientras intenta distinguir otra vez aquel bulto en movimiento, siente una ligera sensación parecida al susto del anfiteatro romano. Pero ahora tiene un fusil y veintidós años, debería sentirse valiente...... Pues ni por esas, está más acojonado que cuando tenía que enseñar las notas del colegio a su padre.

El cuerpo de guardia está demasiado alejado para que oigan su grito pidiendo ayuda, además, aquello que se ha movido no sabe que es y no vaya a ser que haga el ridí culo, por lo que, al fin, sacando valor de las entrañas, carga el Cetme y se acerca semi-agachado y protegido por el cuarto depósito. Rodea este por la derecha para sorprender desde otro ángulo “aquello”...... el pulso le va acelerado como cuando en su época de ciclista amateur ascendía puertos de montaña en plena carrera. Cuando vuelve a tener ángulo de visión de la zona, comprueba que aquella “mancha” se ha convertido en tres o cuatro negros bultos que parecen bidones, semienterrados por la activa arena, y es entonces cuando oye el familiar ruido de un toldo agitado por el viento. Sin duda era ese puñetero pedazo de toldo, en aquel descuidado y desangelado lugar, lo que le había hecho pasar tan aciago momento.

Ya está más tranquilo, pero el poco acogedor y negro vacío que hay al frente y que le impide distinguir la cadena de dunas, le impulsa a retroceder sin demora hacia el depósito central, intentando inútilmente penetrar en la oscuridad con su mirada para no tropezar con tubos o hierros que se extienden desordenadamente por la alfombra de arena. Con la inquietud más suavizada, ahora su preocupación es la climatología, está destemplado y empieza a sentir que el frío le cala hasta los huesos ¿como puede ser junto al mar, iniciándose el mes de Julio? Enciende la linterna bajo la manta para no descubrir su posición y consulta la hora ¡mierda! solamente ha pasado una hora, únicamente se ha consumido una cuarta parte del tiempo y le da la sensación que lleva una eternidad entre los poco acogedores tanques de combustible.

La búsqueda de un improvisado refugio que lo reanime se le hace imperativo, pero ¿dónde? sin apartarse de su zona de vigilancia.... no, no existe.....o ¡sí!.... aquel bulto a treinta metros del primer depósito, apenas distinguible en aquella “tiniebla”, recuerda que es un camión militar cisterna que lleva aparcado todo el día. Se encuentra tan aterido que decide acercarse hasta el vehículo para comprobar si la puerta de la cabina está abierta y...... sí, sí, la puerta se abre, y sin pensarlo, espoleado por el desconsiderado viento que le golpea el cogote, entra.

A pesar que su intención era permanecer unos minutos en el confortable refugio hasta coger un poco de aliento, pues se ha alejado demasiado de la zona a vigilar, va alargando la estancia, allí se encuentra seguro y ya no siente el frío.

La puerta izquierda se abre y una sombra parece precipitarse al interior, el centinela se despierta con un sobresalto y coge velozmente el fusil que se encuentra apoyado en el tablero, pero inmediatamente se apercibe que estaba soñando y que la puerta continua cerrada. Aquel susto onírico le parece premonitorio y ya no se encuentra a gusto allí. Antes de abrir la puerta, se agacha para no delatarse, enciende la linterna y consulta la hora ¡bah! todavía le quedan más de dos horas de puesto, mucho tiempo para pasarlo afuera del camión, pero envolviéndose la manta y calando la gorra sale al exterior, donde comprueba que las dos próximas horas son poco esperanzadoras y que va ha quedar aterido.

Para el colmo del fastidio, la barriga le da unos retortijones y súbitamente debe hacer la necesidades ¡y no tiene papel higiénico! intenta aguantarse pero es misión imposible. Junto al segundo depósito, protegiéndose del arrastre de arena, cumple con la necesidad fisiológica, pero le es imposible solucionar totalmente la higiénica, la arena no es tan práctica como el papel.

Cuando se anhela alcanzar el final, este parece no llegar nunca y la espera se hace eterna, pero todo acaba llegando y por fin, el parpadeo breve de la luz de una linterna le avisa que llega su relevo y con él el alivio. Otro “recluta” pasará cuatro horas en aquel desangelado lugar. De día le preguntará como le fue el servicio, ahora le espera el camastro sin sábanas y con sucias mantas, pero que le parece el mejor refugio de su vida, y quizás tendrá la suerte de volver a viajar en sueños a más de dos mil kilómetros de distancia....Todavía le quedan 365 noches saharianas para hacerlo.

Albert Marín Ausín – Batallón de Infantería Cabrerizas-I, 1973/74

03/09/2008 GMT 1

Relatos de mi estancia en el Sahara.

erni @ 19:22

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LA CARRETERA DE CABEZA DE PLAYA AL AAIUN

Al encontrar esta fotografía en Internet de José Manuel Sevilla, realizada el 2007, en su retorno al Sahara Español, ha traído a mi memoria algunas anécdotas que tuvieron de protagonista dicha carretera.
Nuestro destino después de haber completado nuestro periodo de instrucción en el BIR, nos lleva a Cabeza de Playa, punto estratégico donde se encontraba el Pantalán, donde acababa la famosa cinta transbordadora de Bu-Craa, lugar de carga de los fosfatos, un destacamento de la Policía Territorial, la Cia. de Mar y el Batallón de Infantería Motorizada de Cabrerizas I a donde vamos destinados.
Desde la entrada del Cuartel, en el puesto principal de los centinelas es muy parecida a la que veíamos cuando estábamos de guardia.
La primera historia, se gesta cuando dicha carretera, es cortada por la arena que cruza de parte a parte por el Siroco. Se da la orden fatídica que hay que ir a PALEAR a la carretera para despejarla y permitir la circulación de los vehículos militares. Para todos era una pesadilla ir a palear, los suboficiales de la unidad entre los que se encontraba un sargento 1, chusquero donde los hubiera y veterano de la guerra de Sidi Ifni, que no recuerdo su nombre concentran a la tropa en camiones y se dirigen a unos dos, tres kilómetros. Dicho punto se podía observar desde el puesto de guardia de la entrada.
Entre algunos veteranos surgió la idea de gastar una novatada a los nuevos y en particular a un buen chaval, no recuerdo su nombre pero si una historia que explicaba de que tenia algo en el interior de su vientre que le mordía y que utilizaba para no hacer servicios e incluso creo recordar una posible baja y retorno a la Península. Lo describiré como nuestro amigo.
Una vez llegados al punto de marras, y la tropa empieza el paleo de la carretera un cabo sugiere y manda a nuestro amigo al cuartel con el pretexto que se tiene que recoger el aspirador de arena que con la prisas de la marcha la unidad de trabajo había dejado en el Deposito del Motor. (Lugar donde estaba el grupo electrógeno que daba energía a la unidad). Nuestro amigo comienza la caminata hacia el cuartel, desde la entrada se percibe que alguien a lo lejos regresa.
Desde el cuerpo de guardia se observa que nuestro amigo regresa, al objeto de cumplir la orden dada y a su paso por la guardia comenta que va a recoger el aspirador de arena, alguna sonrisa y algo de complicidad con la tropa que estábamos de servicio, parece no hacer sospechar a nuestro amigo de la broma que le estaban haciendo, se dirige al punto de recogida y alguien le tiene preparado un buen saco de arpillera con material que hace pensar que es el artilugio denominado Aspirador de Arena. Nuestro amigo reemprende su camino pasando por el cuerpo de guaria y en su aspecto se nota la satisfacción del novato del deber cumplido, carcajadas y comentarios alguno de preocupación por si algún mando da con la broma. No en vano recuerdo que estamos en una unidad de trabajo, prisión militar y llena de mandos veteranos de Sidi Ifni, que no están mucho por la labor de hacer de aquel lugar un sitio agradable. Mientras tanto nuestro amigo debe llegar al punto de entrega y allí un cabo desolado le comenta que lo siente muchísimo y que se han descuidado el cable para enchufar dicha maquina, en ese momento es cuando en cualquier otro punto del mundo nuestro amigo se hubiera percatado lo que estaba sucediendo pero eso no fue así y propició que la novatada continuara.
Alguien del cuerpo de guardia comenta que se vuelve nuestro amigo a lo lejos. La inquietud aparece en la guardia puesto que el suboficial al cargo parece que está dando el coñazo por la unidad. Nuestro amigo aparece por el cuerpo de guardia en busca del cable que va a recoger al mismo lugar, donde le tienen preparado un buen rollo de cable trenzado. La cara de nuestro amigo refleja ese cabreo interno que tiene uno y no lo puede sacar al exterior, dirigiéndose al cuerpo de guardia para encaminarse de nuevo al punto critico del PALEO, aparece el suboficial de guardia que al grito de soldado que estas haciendo, provoca una posición de firmes y unas novedades.
A SUS ÓRDENES MI SARGENTO ESTOY TRASLADANDO EL CABLE, PARA PODER ENCHUFAR EL ASPIRADOR DE ARENA, QUE ANTERIORMENTE HE RECOGIDO. Estupefacto el suboficial, mira a la guardia, mira a nuestro amigo y con un estruendoso eres un GILIPOLLAS, con que el aspirador de arena¡¡¡¡. Manda A nuestro amigo a la prevención (cagandose en todo), afortunadamente la cosa no pasó de aquí hubo algún arresto y alguna bronca al cabo de guardia que era yo. Y la anécdota quedó en mi recuerdo, anécdota que dio para mucho en los años posteriores puesto que cuando en reuniones de familia o amigos, surgía la posibilidad ahí metía mi cuña con el famoso OS HE EXPLICADO LO DEL ASPIRADOR DE ARENA.

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EN ESTA FOTO SE PUEDE OBSERVAR LA MANIOBRA PARA SUBIR, QUE MAS ADELANTE EXPLICO, HAY QUE TENER EN CUENTA QUE HABIA MALA MAR Y LA BARCAZA CHOCABA CON EL CASCO DEL BARCO.

EL ULTIMO PRESO DE CABRERIZAS.

El Batallón de Cabrerizas I, estaba en proceso de cambio en el año 73/74, la unidad en los primeros meses de estancia era prisión militar, también se había convertido en un batallón de trabajo puesto que se estaba construyendo un nuevo cuartel en Bu-craa (Fosfatos), a su vez con la incorporación de las famosas” tanquetas “ se convertiría en el Batallón de Infantería motorizada Cabrerizas I.
En la prisión militar del cuartel quedaban 3 presos, dos legias Klaus y Jurguen dos pájaros de cuidado, famosos por haber matado a un taxista y haberse escapado a Mauritania con el taxi, por descontado que no llegaron. Y el protagonista de la historia, que era un objetor de conciencia (Testigo de Jehová), que no recuerdo su nombre.

A la hora de repartir las tareas el furriel, comenta que se van hacer traslados de presos a las Islas Canarias y que va a ser nuestra unidad la que dará cobertura a los traslados.
A estas al día siguiente el Sargento Jiménez, me llama y me comunica que voy a ser el comandante de esa misión UAHHHHH, calambres en las piernas y nudo en el estomago. Estaba todo preparado la expedición eran 2 soldados un cabo, (yo) y el objetor. Nos pertrechamos como para la guerra, correajes cargadores y bayoneta al cinto, a y pistola (astra). Así como dos contactos en Las Palmas, uno de un sargento que había estado en el Sahara y daba cobertura a gente de transito en las islas.

La parte positiva, pensar de ir a Canarias y volver a la civilización ¡¡¡¡.
La misión consistía de embarcar al preso y entregarlo en Las Palmas a Policía Militar, que organizaría el traslado a la nueva prisión militar de destino. Y regresar a la unidad en Cabrerizas. Llegó el día y los mandos de la unidad, no repararon en consejos e instrucciones para que aquello saliera bien.
El preso cara de asustado, ya que su estancia en Cabrerizas no había sido muy buena, se le trató mal¡¡¡, y el cuerpo expedicionario (acojonado).
Se nos traslada a Cabeza de Playa en busca del correillo, estaban preparadas unas lanchas de desembarco, que trasladaban o descargaban víveres y personas, puesto que los barcos no podían fondear cerca.

Allí empecé a visionar que el viaje iba a ser movidito¡¡.
La mar estaba muy movida y las lanchas al acercarse topaban con el barco y para subir teníamos que aprovechar, cuando la mar nos lanzaba contra el barco, escalera de cabos y un marino que te echaba el brazo y palante. Me había aprendido el guión y como comandante de la misión fui el ultimo en subir.
Doy la orden a los dos soldados de que suban, pertrechados era dificilísimo. Una vez conseguido en los momentos posteriores doy orden al preso de que proceda a subir.
La dificultad, la misma, mis soldados mareados o acojonados todavía no lo sé, ni se preocupan por mi y el marino insistiendo en que suba que cada vez esta peor el mar.
Tras varios intentos y no pudiendo alcanzar la escalera me apuntan que descargue el CETME y el macuto para facilitar la subida. Cuando me doy cuenta esta el preso con el cetme y mis pertenencias y yo sin poder subir¡¡¡ Y las ordenes y los consejos que me habían dado buffff???. Por fin subimos y agradezco la ayuda y me apresuro a coger el arma reglamentaria. Tengo que confesar, que el preso en cuestión era buena persona. Fue una noche en las bodegas del correillo inolvidable, una olor a gas-oil insoportable, unos mareos y algún que otro vómito de mis soldados. Horrible.

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Por fin llegamos al puerto de las Palmas, con la sensación del deber cumplido y esperando que la policía militar recogiera al preso y a buscar el cuartel de transeúntes para descansar y organizar el regreso.
No fue así, la policía militar no hizo presencia en el desembarco y tras varias consultas en el puerto, decido poner en marcha otro plan que no estaba establecido. La policía nos indica donde está el cuartel de Lomas Coloradas. Y en fila de a uno organizo la expedición, puerto palante y preguntando, no olvidaré las caras de las prostitutas que había en aquel barrio cuando pasamos en fila, preso en medio y yo cerrando la procesión.
Se me hizo interminable, no recuerdo el tiempo, pero si cuando avistamos Lomas Coloradas, Ya al acercarnos vi movimiento. Llegamos al cuerpo de guardia, y apareció un oficial de Milicias, recuerdo su bigote. Formo al cuerpo expedicionario y le doy novedades. A sus ordenes mi teniente, se presenta el cabo…. Y me interrumpe, pero CHAVALES DE QUE GUERRA VENIIS, le doy todo tipo de explicaciones y el oficial solo preocupado de que hubiéramos paseado todo nuestro arsenal de guerra por la ciudad. Allí quedó nuestro preso y la aventura supuso una semana de estancia en Las Palmas, esperando regresar a nuestra unidad, esta vez en un avión bimotor que parecía no iba a despegar nunca (creo era un focket ).La estancia tubo también sus aventuras, nada que ver con la explicada. Que orgullosos se mostraron los mandos a nuestro regreso, lo mencionaron hasta en la fajina de la noche y nos dejaron descansar al día siguiente. NADIE SE ENTERO QUE EL CHOPO ME LO RECOGIO EL PRESO.

Me hubiera gustado recordar los nombres de los compañeros de expedición.
Quizás si alguien lee la historia? alguno recuerde el hecho.

SALUDOS SAHARIANOS.

Ernest Vilches, cabo 2 CIA. Batallón de Inf. Cabrerizas I, Playa del Aaiun, SAHARA, A.O.E. 73/74

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En el blog, en castellano, de los CASH - http://mi-mili-en-el-sahara-1974-1975.nireblog.com/ ha aparecido un compañero tuyo de Cabrerizas, un vasco llamado: Guillermo Azkarate que te ha puesto un comentario.

Es este:

!buenas tardes Ernest! lamentabablemente no puedo escribirte en catalá, yo soy vasco y sí podría escribirte en euskara, lo hago con frecuencia (todos los días). también estuve en Cabrerizas el año 1971, también fui llevando dos testigos de Jevohá, también fui cabo comandante de la conducción, también me preguntaron ¿de qué guerra venis?, recuerdo que dije "de la guerra de Cuba", también intervino en todo éste meollo el sgto. Jimenez ¡vaya pájaro!, como tu, supongo, no estaba nada bien, aunque me pasé casi todo el rato en Atlas - donde termina la cinta de los fosfatos, tengo la tira de anécdotas, ya te los iré contando, un buen amigo mío era y es Alfons Riera Vinyals de Montcada i Rexach.

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OPERACIONES NOCTURNAS
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La famosa carretera que unía El Aaiún con Cabrerizas en Cabeza de Playa, y protagonista de algún relato como el del aspirador de arena, sufría en la época del Siroco, daños por la acumulación de arena en ella. Nuestra unidad era especializada en ir a PALEAR, pero también especializada en operaciones nocturnas, que consistían en lo que voy a exponer a continuación.

Una tarde noche, nos convocó a un pelotón un sargento de la cia, íbamos a realizar un ejercicio táctico, del cual nos daría detalles una vez fuera de la unidad, a la hora en cuestión formamos el cuerpo expedicionario y subimos en un camión tipo Pegaso en dirección al Aaiún o a la carretera que comunicaba con Smara no lo recuerdo exactamente, pasado un tiempo con la noche cerrada en cima , paró el camión y procedimos a bajar, algo inquietos, en ese momento dicho sargento nos comunica que tendremos que recoger unos bidones de alquitrán que están a los lados de aquella carretera y deberemos mantener en secreto nuestra actuación.

No sin dificultad subimos al camión varios de esos bidones y algo de material de construcción, que posteriormente descubrimos que era del Ministerio de Obras Públicas.
En aquellos momentos estaban tratando de fijar las dunas más cercanas a la carretera con el fin de evitar que se desplazaran y provocaran el corte de dicha carretera.

De la misma manera que salimos, entramos en el cuartel, ese material sirvió posteriormente para tratar los bajos de las aceras y bajos de las cias, parece que no había presupuesto para ello y había que adecentar el cuartel, para alguna visita que ya no recuerdo.

Novedades, Fotos del Viaje al SAHARA abril 2009

erni @ 19:10

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